Querido Olympo


Recibe mi abrazo cóncavo y solidario en esta hora que en realidad no percibo como dolorosa. Tengo media docena de recuerdos imborrables, guardo al menos diez enseñanzas de tu padre que forman parte de mi libreto para el acto de vivir, estoy lleno de gratitud hacia el como casi todos los que pudimos conocerlo más allá de las formalidades, y sé que su obra y sus ideas están ahí para trascender con mayor sentido de perpetuidad que aquel proveniente de la memoria creada por los episodios ligados al poder. Por todo ello comprendo el orgullo que mora en tu corazón, el mismo que renovará pronto la alegría con la cual, según su pedagógica actitud, debemos continuar en este mundo para honrar el tesoro de su recuerdo inspirador.

 

Escrito por UnIData

Lunes, 25 de Mayo de 2015 15:00