junio 18, 2015 EDITORIAL No hay comentarios
PALABRAS PRONUNCIADAS POR JUAN ALFREDO PINTO SAAVEDRA DURANTE LA MISA CELEBRADA EN MEMORIA DE SU HERMANO GERMÁN ALBERTO, FALLECIDO EN VENEZUELA EL PASADO 14 DE SEPTIEMBRE

 

Bogotá, Sep. 29 de 2015, IGLESIA DE SANTA MARÍA GORETTI, LA CASTELLANA.

Y de dónde provenía esa capacidad de encantar, de obtener el crédito para sus ideas, de seducir. Probablemente de tres cualidades que combinaron lo innato con lo adquirido. La primera, una vocación por el saber convertida casi en adicción. Cualquier objeto de conocimiento que pudiera despertar su interés, se convertía en motivo de estudio a profundidad, sin limite horario, ni de esfuerzo. Así fue acumulando una bagaje inconmensurable, una erudición por fuera de lo común en nuestro tiempo, siendo sus territorios favoritos los de la literatura, las lenguas clásicas y sus autores mayores en cada caso, casi todas las artes, la filosofía, la religión, la política, el folclor, la historia universal, la geografía , la fauna, la flora, y el conocimiento como el que más de la llanura orinocense, sin que escaparan de su mundo aspectos un tanto menos elaborados como el deporte, la vaquería o los viajes a pie. El segundo, una capacidad especial para ligar los planos de lo emocional con los de lo racional. Era un polemista agudo hasta el extremo, llenaba de humor los asuntos más serios y a la vez, salpicaba una y otra vez los debates con historias, casi todas antiguas, con las cuales dibujaba y caracterizaba las situaciones del presente, siempre incluyendo los planos sicológicos y afectivos. Claro, esa mezcla, compleja por definición, lo llevaba a menudo a los predios de la pasión, severamente juzgada por detractores masculinos, celebrada amorosamente por muchas mujeres que conocieron de su voz arrulladora y de su memoria especialmente detallada en versos de muchos poetas como él. Y el tercero, admirable como complejo, un gran carisma, un verbo convincente e irresistible, que le permitió hacerse a seguidores y discípulos de variada condición social en todas las causas que abrazó, las cuales no fueron pocas. Irritante e irónico, podía llegar al arrebato desproporcionado de claro contraste con su corpulencia intelectual. Luego de tales momentos, dejaba correr gota a gota su nobleza hasta neutralizar el maltrato y recuperar lo que deseaba, el amor, la amistad y un discreto reconocimiento de su enorme sapiencia.

 

Atribuyo a su carácter y a su personalidad tan especiales, la avalancha de solidaridad que con motivo de su fallecimiento, cosa bien distinta a su desaparición, aún continuamos recibiendo. Pese a ser díscolo durante casi toda su vida, incidió hondamente en la existencia de cientos de personas, de intelectuales como de campesinos, de extranjeros como de colombianos, los mismos que en ausencia de familiares y amigos por razón de la rústica y estulta visión sobre las relaciones internacionales de la cual no escapa nuestro presente, lo llevaron a su tumba en las vegas del río Capanaparo , ese pedazo de tierra que tanto amó. Hubo en Topin una cierta vocación de trascendencia. Estudié con él la “Dialéctica de la Naturaleza” y el “Anti – Duhring” que entonces comprendimos y cargamos en nuestra caja de herramientas. Pero Germán tenía, como casi todos en nuestra familia, una querencia, una proclividad hacia la fé, en la cual recayó de forma variada hasta llegar al plano donde se hacía más sólido, aquel que no conocía términos medios. Una mente muy poderosa sin duda, de la cual siempre debíamos esperar una inédita interpretación de la realidad. Para algunos, eso era manifestación de incoherencia, en verdad era justamente la expresión de su consistencia, pues su vibración corría en una frecuencia distinta, de búsqueda incesante de alternativas filosóficas como también por los caminos que no pueden transitar aquellos que anclan apenas en los arenales de la posesión o de la pequeña dosis de soberbia que carga consigo la suprema razón. Y en eso consistía su consecuencia, en no temer por explorar hasta el radicalismo aquella región de las ideas donde entreviera el asidero, la respuesta. En ese trasegar no fueron pocas sus desilusiones, las que, en el fondo, rondaron sus últimos días…Vivir, ha dicho Sábato, es irse decepcionando.

Desde lo eterno hubo un reparto no proporcional. A él le fueron dadas inteligencia y sensibilidad enormes que acrisoló con gran erudición, también pasión y radicalismo que lo llevaron hasta los reinos de su propio dogma y de la incomprensión. No saben las almas que reciben al nuevo camarada cuánta perplejidad les producirán sus juicios, su espíritu casi inquisidor, su obnubilante capacidad de disentir. Tengo algo más que una firme persuasión. Creo que la influencia de Topin y su encuentro con el futuro, lo que va más allá de los efímeros episodios de esta vida, apenas comienza. Hay una cierta propensión hacia lo intemporal, incluso por la forma súbita como nos ha abandonado, dejándonos a ustedes como sus hermanos y a nosotros como familia, sin esa oveja tal vez mejor encarrilada de lo que creímos, cargada de materia gris, esa que podía mascar pero sobre todo morder. Tendremos que vérnoslas sin su contrapunto, apenas con la inspiración de su deslumbrante capacidad de discrepar. Fundados en esa inspiración iniciaremos el trabajo de compilación de su obra, para que los jóvenes a quienes dedicó buena parte de su vida, encuentren en sus ideas alimento para ir a lo hondo, para desdeñar esta insoportable levedad que nos agobia.

Nota de la redacción

La partida de TOPIN. / El fallecimiento del filosofo Germán Alberto Pinto, hermano del presidente de nuestra Junta Directiva, quien fue consultor y conferencista de CINSET en múltiples oportunidades, ha mostrado manifestaciones de solidaridad de nuestra comunidad institucional y de entidades y personas próximas a la Corporación. Compartimos las Palabras en su honor, pronunciadas por Juan Alfredo Pinto Saavedra, durante la misa celebrada en su memoria

ARTICULO DEL PRESIDENTE-

 

Escrito por Juan Alfredo Pinto S

Jueves, 18 de Junio de 2015 16:11